jump to navigation

Las hermanas B-36 1 agosto 2007

Posted by Idoia Mañes in Libros, varios.
trackback

Érase una vez, en el planeta matriarcal BooBoo de la nebulosa del Cangrejo, tres hermanas que se apellidaban B-36. El que su apellido fuese el nombre de un avión terráqueo diseñado para arrojar bombas sobre poblaciones civiles con gobiernos corruptos es una mera coincidencia.

(Otra coincidencia: la lengua escrita de Booboo era muy parecida al inglés terrestre, ya que también consistía en agrupaciones idiosincrásicas de 26 símbolos fonéticos, 10 números y unos 8 signos de puntuación organizados en líneas horizontales sucesivas).

Las tres hermanas eran muy hermosas, como hermoso puede decirse que es el relato de Trout, pero sólo dos de ellas eran bien vistas socialmente, siendo una pintora y la otra escritora de cuentos. Nadie podía soportar a la tercera, cuya vida se dedicaba a la ciencia. ¡Era tan sumamente aburrida! Sólo sabía hablar de termodinámica, y encima era una envidiosa. Su ambición más secreta era hacer que sus dos hermanas artistas se sintiesen, usando una de las expresiones favoritas de Trout, “como una porquería de esas que arrastran los gatos”.

Según Trout, los Booboolianos eran de las criaturas más adaptativas de todas las que habitaban en esa familia local de galaxias. Esto era así gracias a sus grandes cerebros, que podían ser programados para hacer o sentir cualquier cosa. ¡Lo que se te ocurra!

Esta especie de programación no se hacía ni con cirugía ni usando impulsos eléctricos, ni con cualquier otro medio neurológico intrusivo. Se hacía socialmente, contándoles cosas. Así, los adultos simplemente cogerían y se pondrían a hablarles a los pequeños Booboolianos de hechos y sentimientos apropiados y deseables. La respuesta de los jóvenes cerebros sería hacer crecer nuevos circuitos que harían automáticos todos esos comportamientos tan civilizados de los que se les estaba hablando.

Por ejemplo, algo que se consideraba una buena idea cuando no había nada mejor que hacer era que los Booboolianos fuesen favorablemente excitados por pequeños estímulos como podían ser esas agrupaciones idiosincrásicas de 26 símbolos fonéticos, 10 números y unos 8 signos de puntuación; o como también podían ser pequeñas manchitas de pintura sobre superficies planas limitadas por un marco.

Estando un joven Boobooliano leyendo un libro, algo natural habría sido que el adulto lo interrumpiese para preguntarle, dependiendo de lo que estuviese pasando en el libro, algo como “¿No te parece triste? El perrito de la niña ha sido atropellado por un camión de la basura. ¿No te dan ganas de llorar?”. Pero de haberse tratado de otra historia diferente el adulto muy bien podría haber dicho: “¿No te parece divertido? Cuando ese millonario vanidoso tropezó con la cáscara de nim-nim y se calló a una zanja, ¿no te dieron ganas de desternillarte de risa?”.

Un nim-nim era una fruta de Booboo similar a la banana.

Al llevar a un Boobooliano aún inmaduro a una galería de arte, otra cosa normal habría sido preguntarle si la dama de una de la pinturas estaba realmente sonriendo o no. ¿Podría estar triste, y aún así tener esa mirada? ¿Crees que está casada? ¿Tiene un hijo? ¿Es buena con él? ¿A dónde crees que irá a continuación? ¿Crees que le apetece?

Delante de una pintura con un cuenco de fruta, el adulto podría preguntar: “¿No te parece que esos nim-nims tienen una pinta realmente apetitosa? ¡Mmmmmmm!”

(Todos estos ejemplos de pedagogía Boobooliana no son míos, sino de Kilgore Trout).

Por lo tanto, los cerebros de una gran mayoría de los Booboolianos habrían sido influenciados para que se desarrollasen todos esos circuitos, o microchips si lo prefieres, que en la Tierra llamaríamos imaginación. Y precisamente porque muchos Booboolianos tenían imaginación, dos de las hermanas B-36, la pintora y la escritora de cuentos, eran tan estimadas.

Bueno, de acuerdo, la hermana mala también tenía imaginación, pero no en el campo de la apreciación artística. A ella no le gustaba nada leer libros o ir a galerías de arte. De pequeña se pasó todo su tiempo libre en el jardín de un manicomio cercano. Los psicópatas del jardín no eran considerados peligrosos, así que el hecho de que ellas les hiciese compañía se veía como una actividad caritativa. Pero entonces los locos la enseñaron termodinámica y cálculo y cosas de ese estilo.

Cuando la hermana mala se hizo mayor, ella y los locos hicieron diseños de cámaras de televisión y de transmisores y receptores. Y su madre, que era muy rica, le dio todo el dinero que necesitaba para producir y poner en el mercado todos esos artilugios satánicos, que hacían de la imaginación algo redundante. Y tuvieron un gran éxito al instante, ya que los programas eran muy atractivos y no hacía falta pensar demasiado para verlos.

Y así ganó un montón de dinero, pero lo que realmente la hacía disfrutar era que sus hermanas empezaran a sentirse como una porquería de esas que arrastran los gatos. Los jóvenes Booboolianos ya no le veían ningún sentido a seguir desarrollando la imaginación, puesto que ahora todo lo que tenían que hacer era encender la tele para ver todo tipo de mierda superllamativa. Y al mirar una página impresa o un cuadro se preguntaban cómo alguien pudo entusiasmarse alguna vez con algo tan simple y muerto.

El nombre de la hermana mala era Nim-Nim. Cuando sus padres le pusieron ese nombre, no tenían ni idea de lo agria que resultaría ser. ¡Y la tele no fue ni la mitad de todo lo que hizo! A pesar de su invento seguía siendo tan mal vista como siempre, ya que seguía siendo igual de aburrida, así que inventó los automóviles y los ordenadores y el alambre de espino y los lanzallamas y las minas antipersona y las ametralladoras y un montón de cosas más. Tan cabreada estaba.

Las nuevas generaciones de Booboolianos crecieron sin imaginación. Su apetito por experiencias divertidas que les librasen del aburrimiento era completamente saciado por toda la mierda que Nim-Nim les daba. ¿Y por qué no iba de ser así?

Sin imaginación, sin embargo, eran totalmente incapaces de hacer aquello que tanto les gustaba a sus antecesores: leerse los unos a los otros increíbles y fascinantes historias. Así que, siguiendo a Kilgore Trout, “los Booboolianos se convirtieron en una de las criaturas más despiadadas de todas las que habitaban en esa familia local de galaxias”.

Kurt Vonnegut (Timequake)

Visto en : http://www.consumehastamorir.org

Anuncios

Comentarios»

No comments yet — be the first.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: